
Si bien no soy fanático del western, últimamente me he sorprendido gratamente con películas del género. Hay casos obvios, como Unforgiven de Clint Eastwood, y otros más inesperados, como este.
Primero que todo, no está demás decir que la factura del filme es a mi juicio impecable, tanto en lo técnico como en lo visual e histórico. No se descuida nunca el contar una historia en forma limpia y fácil, entendible y que nos permite tomar el hilo y dejarnos guiar por él. A continuación haré un pequeño desglose de lo que llamó mayormente mi atención.
Lo histórico
Muchas veces los libros y las películas no son más que "basadas" o peor aun "inspiradas" en hechos reales. Las incongruencias entre una trama interesante y edulcorada y los hechos reales que no lo son, producen una profunda confusión en el espectador. Sin darnos cuenta tragamos información asimilándola como real y sintiéndonos capaces de discutir con historiadores, doctores y estudiosos, víctimas de la falsa información.
Es por esto que se agradece cuando, en contadas ocasiones, un director (en este caso Andrew Dominik) hace una película que se mantiene lo más fiel posible a sus raíces históticas. No por nada se nos presenta a un personaje con conflictos internos, una especie de antihéroe en las últimas andanzas de su vida. La figura de Jesse James que todos conocemos, la del forajido inmortal y justo, recto y amistoso no es más que un referente presente pero que no puede leerse en su totalidad durante el desarrollo de la película. Y esto se agradece, ya que como su título lo adelanta, el tema a tratar es el del asesinato y todo lo que esto conlleva, y no ensalzar al personaje de principio a fin. Y es por lo mismo que los estudiosos y familiares han dicho en algunas ocasiones que este es el mejor retrato de Jesse James llevado al cine hasta ahora.
Lo visual
Desacostumbrados al cine efectista de hoy, este título nos regala algunas de las secuencias más bonitas que se han visto en el cine comercial (mainstream, hollywoodense) actual. Dando un carpetazo al género, la estética, los juegos de luces y la música se equilibrian para crear atmósferas que no solo dan intensidad a la trama, sino que son capaces de justificarse por si solas. Para mi gusto, el gran punto de la película es este, con mención especial a las secuencias del robo del tren y de la muerte del protagonista, aunque quien se aventure a verla podrá observar muchas otras.
Los colores, planos, escenografía y dirección de arte se muestran sólidos y no se exageran. La atmósfera lenta, de una violencia y de tensión constante pero oculta, y de especial acento en hechos que no lo merecen y dan una nueva dimensión a los hechos es otro logro del director.

La actuación
Brad Pitt es Brad Pitt y por lo tanto no merece especial atención por su actuación en esta película. Ya nos tiene acostumbrados a la calidad, tanto en la elección de sus papeles como en la interpretación de los mismos. Un buen Jesse James en todo aspecto. Pero la sorpresa acá es Casey Affleck, actor que después de encarnar este papel vio sus bonos en alza con la postulación a un oscar a mejor actor de reparto. De principio a fin se muestra como un personaje repelente, una rata oportunista que produce rechazo en la piel. Y sabemos que el único capaz de aceptarlo realmente cómo es será finalmente traicionado.
Robert Ford es representado como un cínico, una sabandija que busca la fama al entender que su ídolo vale más muerto que vivo. Su aspecto vidrioso, traicionero y reptante está tan bien logrado que produce algo cercano al odio en el espectador. Eso hasta que se produce el asesinato, cuando el personaje pasa a convertire en alguien con una vida sin sentido, llegando a causar lástima en el espectador. Algo similar a "Eli", el pastor de "There will be Blood" que tiene una evolución similar.
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